Vendían desde una plantilla armada sola, con el aviso de cookies encima del producto y el pie de la plataforma a la vista.
Se rehízo la portada, la ficha de producto y el camino de compra: de una plantilla genérica a una tienda que se lee como boutique.
La tipografía hace el trabajo pesado —un display con contraste alto para los títulos de colección— y el oro aparece solo donde hay que decidir.